septiembre 07, 2015

Zaque
Mujerez

Solía decir Remy de Gourmont que la mayoría de los hombres que difaman a las mujeres en realidad están difamando a una sola.También dijo que uno se conoce a sí mismo a través de las mujeres con las que ha estado. Y con estas dos preposiciones se podría englobar fácilmente a un disco que desde el simple nombre revela todo el eje de su temática: las mujeres. Sin embargo, en “Mujerez” (Sonido Líquido Producciones, 2014), Zaque aborda sus viejas relaciones para definir a la mujer como un ser real, tangible y humano, no como una simple figura cuya única función es asociarse a lo idílico como un mero objeto de interés romántico o sexual. En este pequeño audiotestimonio se van desprendiendo otros subtítulos adyacentes que conforman un cuadro contemporáneo y complejo de hiperrealidad.

“Mujerez”, transcurre a través de una mirada masculina y una musicalidad armónica cuya prolepsis se remonta once años atrás con 'Canción de amor' del insomne "1:55 A.M." (2004) y la derrotista 'No pienses en mi' de "El día y la noche en el infierno" (2006). Fuera de repetir los patrones ya probados sobre el desamor y el desapego, en esta entrega las memorias se sopesan contra el presente, no como una comparativa fatalista de lo que fue y lo que ya no es, sino como un escaneo y lore de auto conciencia a través de un circuito cerrado de diez pistas (cinco cortes instrumentales, cinco cortes vocales) con una duración en total de a penas de un tercio de hora.

Lejos de ser un recurrente álbum sobre las tribulaciones amorosas sobre una sola persona, se trata de una obra episódica con cada mujer siendo un capítulo distinto que se adscribe a las experiencias de su intérprete. Es congruente, directa y breve con un plano letrístico apoyado en la introspección, la observación y en el erotismo sin que por ello apele al sentimentalismo inmediato, se mantiene en un tono bajo que deconstruye al anhelo del amor idealista y a la política social del amor monogámico ('Guillermina') hasta que gradualmente abre paso a los contextos de soledad en tiempos de megapolis, de vacío, auto engaño, malestar y lo que es dejarse en posesión de otros (‘Bartola’, ‘Trina’). Marca desencuentros, culpas, pérdidas y hartazgos ('Lluvia', 'Kimora'), pero también esboza una sonrisa al recordar viejas complicidades que han roto los limites (‘Marta’). Las historias son prácticas, mundanas, imposible no llegar en algún momento a la proyesis o emparentar alguna situación cercana.

La música, en este caso, se inclina por la síntesis, el uso de filtros y capas en las cajas, recursos que son utilizados para recrear una ambientes grises o a media luz. Mantiene un estrecho vínculo con un soul setentero y un sensualismo que no deja de percibirse neblinoso y frío. El minimalismo juega un papel muy esencial, le da un toque propio de estética y le saca provecho a sus cuantos elementos necesarios para revestirlos con un sonido depurado, sofisticado y melódico. Incluso esta ideología del más es menos trasciende hasta sus dos únicas colaboraciones: Tino el Pingüino y el veterano del surco, Fancy Freak. Pero lo más distintivo es que entre todos estos aspectos es que no hay sobre saltos, al contrario, se mantiene lineal de principio a fin bajo la misma vibra mellow.

A pesar de todas las virtudes, “Mujerez” no es un disco perfecto. Posee una buena exposición, desde luego, aunque también tiene problemas grandes de resolución que le restan. En general, sus conceptos llegan a ser un tanto ordinarios sin ningún giro nuevo y la música es tan aséptica que resulta laxa, uniforme, sin mencionar que el aporte de Tino es disonante. La manera en que se compensan un poco estos detalles es no haber sido privilegiados como cortes largos, redundantes e innecesarios, aun así carece de transmitir emotividad a pesar de ser una narrativa de autor.

Un hombre se conoce a sí mismo tratando a las mujeres. Y entre más mujeres sean las que uno trata más mundo habrá. Así pues, cuando Gourmont dijo que él se conoce a través de las mujeres es porque no le ha quedado otro remedio. Ante la imposibilidad de saber quiénes son ellas lo único que le queda es conocerse a sí mismo. Zaque identifica eso, a sus propios modos, con una epístola cismática, pasiva y liviana sin caer en ningún momento en el dramatismo. El regreso de Zaque marca una etapa de división tanto personal como profesional. Un cambio de actitud con este pequeño opus sobre las mujeres como uno de los seres más enreversados y uno de los complementos más misteriosos porque simplemente no se prestan a la conclusión.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Blah, Blah, Blah!