septiembre 07, 2015

Jack White
Lazzareto

Si tuviéramos que elegir al hombre del año 2014 ese sería Jack White, quien a sus diecisiete años de carrera ininterrumpida, ha sido un personaje polifacético: productor, compositor, instrumentista, actor y hasta constructor de instrumentos. Habilidades que no hacen más que demostrar contundentemente los talentos de quien sabe moverse con inventiva en otras disciplinas que terminarían condesadas en su primer periplo solista después de una docena de discos con otras bandas (The White Stripes, The Racounters y The Dead Wheather). “Blunderbuss” (Third Man Records/XL Recordings /Columbia, 2012) sólo reconfirma la plasticidad, el rol y el carácter que se requiere al momento. Mas es "Lazzareto" (Third Man Records/XL Recordings/Columbia, 2012) la prueba de la constancia de un hombre que es adicto a las cuerdas de la guitarra y por supuesto, adicto a su trabajo.

Alejado de la austeridad, la carrera solista de Jack White ahora se centra más en producciones más cuidadosas, un sonido menos graso y sí más pulcro. Con “Lazzareto” , segundo material discográfico, continua por el mismo sendero de "Blunderbuss"; una tendencia más acústica que eléctrica y con tintes ambiciosos que desembarcan en otros territorios sonoros con mejoras extremas de ensamble, el respaldo de un puñado de excelentes de músicos y una impecabilidad en arreglos dentro una producción de solo once cortes agridulces, llenos de tonalidades suaves y fuertes que muestran un nivel artístico más avanzado. Todo esto se ejemplifica desde las dos primeras pistas con las que abre el álbum: la irónica ‘Three Women’ (adaptación de ‘Three Woman Blues’ del blusista Blind William McTell en 1928) y la homónima ‘Lazzaretto’, deslizan estructura simples a las que le saca el mayor provecho en los departamentos de ejecución, ensambles y arreglos.


Musicalmente, en lo que respecta al álbum, hay temas más tranquilos, naturalmente melódicos, como ‘Alone In My Home’ (con Ruby Amanfu como segunda voz), la apacible balada de ‘Entitlement’, la poética folkie ‘Tempory Ground’ (cantada nuevamente a lado de Amanfu) o la melancólica ‘Want and Able’ que cierra el disco. Luego están los contrastes del poder con la solemne, melodramática y un tanto belicosa de ‘Would You Fight For My Love’, el embriagante rock de ‘Just One Drink’ y el rebosante single (grabado y editado en un solo día) garage rock instrumental de ‘Hig Ball Stepper’ que se salta la emoción vocal por un pesado entusiasta y explosivo overdrive  y finalmente están los riffs reggae-blues en ‘That Black Bat Licore’, que pivotan alrededor de un trabajo más espeso, más oscuro y en una plenitud musical que hace que cobren vida narraciones centradas en el histrionismo y un sin fin de poemas inacabados sobre el romanticismo e idealismos juveniles que se reconecta con una versión actual, templada y madura de un White que se esconde dentro la recurrente fantasía del aislamiento – misma que se engloba desde el titulo disco–, la infidelidad (‘Three Woman Blues’), la bragadocia tipo rap (‘Lazzaretto’), el humor negro (‘Entitlement’) y un montón de caracteres libres de interpretación.

Ciertamente “Lazzareto” es un álbum lleno de tradiciones, pero es tan tradicional que resulta no escaparse de estar construido por plantillas que White ha utilizado previamente en absolutamente todos los discos de los Stripes. Nada de lo que se escucha es realmente fresco ni novedoso. Fácilmente se pueden ubicar los rastros de todos sus discos anteriores, desde “De Stijl” (Simpathy For The Record Industry, 2000), “White Blood Cells” (Simpathy For The Record Industry, 2001), “Get Me Behind Satan” (V2 Records/XL Recordings, 2005) hasta, y sobre todo, del homónimo "The White Stripes" (Simpathy For The Record Industry, 1999). Todo ha estado allí desde el principio: un popurrí que ya había sido escrito desde hace una década atrás y que se mimetiza con actualizaciones vintage que igual pasan por el mismo filtro. No obstante, esto obedece a la misma coherencia tonal (aunque cada obra tiene su propio estilo, su propia dimensión, su propio montaje) que es imposible no aludir a su pasado. Claramente tiene sus especificaciones, sin embargo, está tan bien ejecutado que es imposible no apreciar las virtudes técnicas de sus composiciones minimalistas, o la búsqueda de nuevos giros, nuevas matices e incorporaciones de nuevos recursos para dar soporte al espectro sonoro.      

Básicamente el segundo capítulo de Jack White se englobaría como un “gótico americano”, un omnisonido restaurado cuya contundencia no sólo se centra en creaciones e híbridos del blues, country, folk y rock, también hay una democracia espontánea entre la crudeza y, por supuesto, la austeridad punk, y a pesar de su poca novedad y poco riesgo, “Lazzareto” no deja de señalar a White como un preservador histórico que respeta otros rubros musicales bajo un curriculum amplio, más personal, poético y extrovertido del que emanan inquietudes que terminan por explotar en los amplificadores.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Blah, Blah, Blah!