enero 19, 2014

Janelle Monáe
The Electric Lady

Una de las grandes revelaciones que el 2007 trajo fue sin duda Janelle Monáe, quien con su primer disco, Metropolis, Suite I: The Chasse (Wondaland Arts Society, 2007), un epé dividido en cinco partes, la revelaron con una personalidad multifacética capaz de grandes alcances musicales. Su talento desbordado, inventiva delirante y esa admirable versatilidad que le permitía abordar con asombrosa naturalidad una gran cantidad de géneros y subgéneros pronto llamaron la atención de la crítica especializada a pesar de la poca repercusión de su debut y tres años más tarde, la visión y el evitar encasillarse junto con la cosecha de su EP dio fruto a su primer álbum, The ArchAndroid (Bad Boy Entertainment/Wondaland, 2010), un trabajo destacable y un compendio de géneros perfectamente ensamblados a lo largo de las suites II y III de ese concepto monumental que es Metropolis. Es Monáe una cantante y autora que ha logrado darle a sus composiciones pasmantes complejidades musicales, que junto con lo maleable timbre de su voz, no deja de sorprender por anidarse en las tradiciones de la música de raíces afroamericanas (blues y el gospel, jazz, soul, rhythm n’ blues, funk y hip-hop) y combinarlas con corrientes como el alt-rock, el folk, el pop, el avant-garde o la música orquestal, entre otras, con resultado estupendos y convincentes en las que se establece como autora e intérprete total, una creadora con capacidades para abarcar gamas musicales. Tras tres años por fin podemos escuchar la continuación de esta ópera futurista en donde el talento excepcional vuelve a quedar demostrado. El tercer opus de esta serie Metropilis, The Electric Lady (Bad Boy Entertainment/Wondaland, 2013), prosigue con la efervescente obra que prosigue con las suites IV y V y en ellas crea y recrea sus ideas e influencias de manera ostentosa, intensa y vehemente en donde se aprecian rastros de Stevie Wonder ('Ghetto Woman'), Lauryn Hill ('Victory'), En Vogue ('Q.U.E.E.N'), Jackson 5 ('It's Code') y varios más. Temas como 'We Were Rock & Roll', 'Dorothy Dandridge Eyes', 'Givin'Em What They Love', 'What an Experience' y la encantadora 'Dance Apocalyptic', son piezas que destacan por su movilidad y magia. Cabe destacar las participaciones de Prince, Erykah Badu, Solange y Esperanza Spalding ofrecen variedad vocal al álbum. Monáe no sólo demuestra sus dotes como compositora una vez más, se mueve con naturalidad de un estilo a otro a lo largo de los diecinueve cortes que conforman The Electric Lady. El único aspecto débil de este trabajo es que se siente flojo a pesar de su rítmica y su música en ocasiones no es tan fácil de acercarse; el baile, el sexo, el amor y el abandono son un recurrente que ya se ha escuchado antes pero en The Electric Lady no se abrazan tan fácilmente, no obstante, tras un par de giros, las baladas revelan sus encantos y el álbum se libera de la pesadez que dan en la primera impresión. Más que hacer álbumes conceptuales, lo que Janelle Monáe ha hecho es ir más allá y encerrar su corta discografía en un sólo concepto que narra una historia de ciencia ficción en la cual robots, extraterrestres, ambientes apocalípticos y una gran combinación de varios géneros que crean un sonido futurista y retro. En pocas palabras: Electrificante.

enero 14, 2014

Elvis Costello & The Roots
Wise Up The Ghost and Other Songs

A finales del pasado 2013 surgieron dos crossovers que parecían impensables, atrevidos, intensos y buscar ser una gran apuesta que destacara sobre las demás lo que ese editó en ese año. En primera se encuentra Elvis Costello se une a The Roots y en segunda Norah Jones y Billie Joe, frontman de Green Day. Pero centrándonos en los primeros tan diferentes, musicalmente hablando, se unieron para grabar un disco sui géneris, el resultado entra en una sofisticada fusión entre rock y soul. En lo que se refiere a esta inusual unión de este inglés con estos estadounidenses surge cuando Elvis Costello visitó el estudio de Jimmy Fallon, allí un Costello (que mucho se ha norteamericanizado) hace su primer encuentro y el flechazo es inmediato. Cuando anunciaron que estaban trabajando en un disco, nació la sospecha y el escepticismo, no por la calidad de estos músicos, sino porque el resultado podría traer otro desastre como Lulu (Lou Reed y Metallica). Por fortuna el combo Elvis/Roots no llegaron a ese desenlace para para llevar al escucha a un universo inimaginable en donde pudieran coexistir y hacer lo inesperado. Wise Up The Ghost and Other Songs (Blue Note, 2013) no se trata de un disco de hip-hop y eso se agradece muchísimo, porque de ser así se sesgaría el cáustico estilo de composición de Costello que ha dado buenos frutos en la incursión de otros géneros y eso a su vez, limitaría las capacidades de The Roots quienes han ofrecido el hip-hop más progresivo de la historia de la música afroamericana. Los instrumentos de Questlove y compañía se ponen a disposición de Costello como el frontman, quien se cruza nuevamente de frente con el soul y este se adapta a la rítmica funky del grupo de la banda de Filadelfia, logrando un punto intermedio en el que nadie sacrifica nada logrando una colisión de dos fuerzas. La banda se entrega a los giros, mientras que se escucha a un Costello más revitalizado que nos recuerdan a sus iniciales días punk pero ahora de manera más sabia. Uno de los aspectos que presenta Wise Up The Ghost and Other Songs, es que ambas partes creativas experimentan terrenos del uno y de los otros. El álbum llega por momentos a ecos de Bobby Womack, Curtis Mayfield (con el sonido de la banda sonora callejera de Superfly), The Ohio Players e inclusive a Red Hot Chilli Peppers que podemos apreciar en los funkys ‘Walks Up Town’, ‘Wake Me Up’, ‘Stick Out Your Tongue’ o ‘Refused To Be Saved’, particularmente Costello se ajusta mejor a este género. Luego se encuentran los momentos más suaves con proximidades con el sonido hip-hopero (‘Cinco Minutos Con Vos’) hasta llegar rendirse con un soul sofisticado (‘Viceroy’s Row’, ‘If Could Belive’), todo esto en una amalgama de estilos en donde The Roots también adentran Costello a su mundo (‘Tipwire’). Como suele ocurrir en estos casos, en las alianzas no existen los hilos negros. La musicalidad de Wise Up Ghost fácilmente se puede emparentar con bandas Jackson 5, Gorillaz, Tom Waits o Fugges, y a largo de doce temas, muy pronto llegan a la redundancia en donde encontramos a unos The Roots bastante dispersos a la hora de tocar. Hay uniones disímbolas que a simple vista parecen no solo disímbolas sino hasta antinaturales. Sin embargo el pionero del new age inglés y el conjunto The Roots (sin la intervención de Black Though) crean este material (en cierto punto) inaudito con características ecléticas de ambas partes. Questlove no teme de tocar con una leyenda y el posmo Costello suena a sí mismo.

diciembre 03, 2013

Leonard Cohen
The Songs of Leonard Cohen

The Songs of Leonard Cohen (Columbia, 1990) fue el primer álbum canadiense de treinta y cuatro años quien para ese entonces gozaba de un altísimo prestigio como escritor. Antes de componer una estrofa para una canción, Leonard Cohen había publicado cuatro volúmenes de poesía y dos novelas. Cuenta la leyenda que él quería abrazar una carrera como cantante de country & western, sin embargo, el éxito de Judy Collins, en 1966, con dos canciones suyas, "Suzanne" ("Suzzane te lleva a su lugar cerca del río/ Puedes escuchar pasar los botes/ Puedes pasar la noche a su lado/ Y sabes que está medio loca/ Pero eso es por lo quieres estar ahí") y "Dress Rehersal Rag", más la insistencia de la cantante de que se sumara al movimiento folk de aquella época, lo convencioeron de establecer de establecerse como un cantante-compositor intimista, confesional.

 En 1967, Collins lo presentó en un concierto en el Central Park de Nueva York y ese mismo año pisó el escenario del Newport Folk Festival, en donde John Hammond, buscador de talentos de Columbia, le ofreció un contrato. De ahí salió esta obra maestra que nos condice por un universo de imágenes, metáforas y frases que estremecieron el alma de un público, mayoritariamente estudiantil, que vio en Cohen una especie de caja de resonancia de sus inquietudes espirituales, al grado que se vendieron rápidamente más cien mil copias, estableciendo el nombre del poeta como uno de los personajes de vanguardia de la época. Songs of Leonard Cohen es un álbum de una belleza pocas veces contenida en un debut. El desfile de imágenes melancólicas, agridulce, reflexivas y sombrías es casi interminable. "Es verdad que todos los hombres que conociste eran jugadores/ Cada vez que les daba refugio/ Conozco esa clase de hombre/ Es duro sostener la mano de alguien que está alcanzando el cielo sólo para rendirse (The Stranger Song). El desamor y la ruptura, temas recurrentes en la obra d Cohen, son una especie de hilo de conductor en esta producción; "Te amé en la mañana/ Nuestros besos profundos y cálidos/ Tu cabello sobre la almohada / Como una tormenta somnolienta / Muchos se amaron antes que nosotros/ Sé que no somos nuevos/ En la ciudad y en el bosque/ Ellos sonrieron igual que tú y yo/ Pero ahora llegando las distancias y ambos debemos intentarlo/ Tus ojos están llenos de dolor/ Oye, esa no es manera de decir adiós". (Hey, That's No Way To Say Goodbye).

 La sensibilidad para tratar temas tan cotidianos como los celos es un golpe a las fibras nerviosas: "Encendí una vela verde para que tuvieras celos de mí/ Pero el cuarto se llenó de mosquitos/ Ellos oyeron que mi cuerpo era libre/ Entonces tomé el polvo de una larga noche de insomnio y lo puse en tu zapato/ Y entonces confieso que torturé el vestido que llevabas para que el mundo viera a través de el/ Un esquimal me mostró una película que te había tomado recientemente/ El pobre hombre casi no podía dejar de temblar/ Supongo que se congeló cuando el viento se llevó sus ropas y asumo que él nunca volvió a sentir calor/ Pero tú estás parada ahí, tan bonita en tu ventisca/ Oh, por favor, déjame entrar en la tormenta". (One of Us Cannot Be Wrong). La fortaleza lírica de Leonard Cohen, desde su primer disco, tiene que ver con el desarrollo de su pericia como poeta y novelista. Todas las letras de este álbum son perfectas y la música que las acompaña son el complemento ideal: a veces minimalista, machacona, reiterativa, como para remarcar una triste melancolía. Leonard Cohen está en la tradición de aquellos artistas que tiene fea voz, como Dylan, Young, Waits, etcétera, pero como ellos, sus cuerdas vocales vibran con el corazón para decirnos cosas importantes desde su propio predicamento. Cohen es uno de esos jugadores que explican el mundo con parábolas para que quienes tenga oídos oigan y los que puedan entiendan. Este primer disco del canadiense errante es una obra maestra.

diciembre 02, 2013

Jake Bugg
Shangri La

La figura de Jake Bugg empezó a notarse cuando fue el telonero de Noel Gallagher durante el concierto de War Child en el 2012. Posteriormente, en ese mismo año, durante agosto también fue el encargado de abrir los shows para The Stones Roses, lo mismo en septiembre pero esta vez para The Killers durante el iTunes Festival. Después se embarcó en el tour promocional de High Flying Birds de Noel Gallager. Y es durante el transcurso de este año que Jake Bugg se ha estado presentando distintos países. No obstante aún sigue siendo muy joven para tener una biografía, aunque en su breve existencia ya cuenta con algunos actos que ya lo están relevando. Jake Bugg es de Nattingham, Inglaterra, lo que nos dice sobre prestigio y reputación. Desde su primer álbum homónimo y toda esa atención que ha recibido por parte de los medios que le han querido emparentar a éste joven inglés con una imagen idílica de Bob Dylan, pero esto se debe a la necedad de querer encontrar un sucesor al nativo de Minnesota. Sin embargo, Bugg no posee un tono nasal a la hora de cantar; a decir verdad, su voz es promedio aunque con los registros suficientes para cautivar. La coyuntura de su voz se la debe a una corte en donde encontramos a Paul Weller, los hermanos Gallagher (así es, en especial a Noel) y Miles Kane. Es decir hay una continuidad del mejor rock pop inglés. Lo más reciente de este hijo de Albión es haber presentado su segundo disco como solista, Shangri La (Jake Bugg Records/Island Records, 2013), nombre tomado de los estudios en el que fue realizado, el cual fue producido por Rick Rubin durante su viaje a Malibú, CA. Shangri La es una curva que discierne a su álbum predecesor, y como novedad, hay un acercamiento con la música country desde el tema de apertura 'There's a Beast and We All Feed It'. Igualmente hay una inclinación por el punk rock ('Slumville Sunrise', 'What Doesn't Kill You', 'Kingpin') por el uso de riffs rápidos de la guitarra eléctrica. Esto no quiere decir que no tome regrese a sus lexemas originales, 'Me and You', 'Messup Kids', 'A Song About Love' y 'All You Reasons' hacen un retorno al estilo del primer álbum, es decir, la guitarra acústica hacia las melodías pop, blues y folk. Al guitarrista-compositor le da el gusto por el rockabilly que se puede notar desde la primera canción (y en menor medida, 'Kingpin') que nos remontan pronto a temas anteriores como 'Taste It' o 'Seen It All' de Jake Bugg (Mercury, 2012). Pero sus mejores atributos radica en arropar sus canciones solo cuando lo considera necesario. Si la guitarra le es suficiente para Bugg, a esta partes del álbum se les debe navegar sin velamen, ya que aún con todo y solvencia no se salvan de ser aburridos por su carga de solemnidad. Jake se vuelve excesivamente serio, sentencioso, pretencioso de convertirse en un juglar moderno. El lado más rockanrolero de resulta el lado más libre, más divertido y contagioso de Shangri La. Ataca las melodías con más vigor, con agitación y furia controlada, conviertiéndose en los temas más amenos. También se recurre a las baladas, las canciones lentas como 'Storm Passes Away', 'Pine Trees' y 'Simple Pleasures' que se encuentran a la salida del álbum. La imperfección que presenta en este trabajo es su pronta caída en la monotonía de algunos de sus temas, que no pueden evitarse sentir como pesadas piedras que se van arrastrando. Aún con y todo que la voz de Jake Bugg todavía no toma la madurez necesaria para tener una identidad propia, está desplegando experiencia y hablando de los tamaños para despuntar, con las hechuras necesarias para destacar. Él se encuentra en las etapa donde puede ser maleable y caer en tentaciones, con un futuro incierto, sin embargo los augurios pronostican interesantes posibilidades para los años venideros. Y con Shangri La nos demuestra una faceta mejorada en la cual inmediatamente se nota la dirección de Rick Rubin.

noviembre 08, 2013

Eminem 
Marshall Matters LP 2

Luego de formar parte del intrascendente dueto Soul Intent, Marshal Mathers, mejor conocido como Eminem, debutó como solista en 1996 con Infinite. Desde un principio, la principal señal de identidad de este singular intérprete y compositor fue su facilidad para escribir letras agresivas y provocativas, lo que le dio una fama inmediata en circuitos subterráneos de la ciudad de Detroit. Gracias a esa reputación, no tardó en llamar la atención del para entonces ya famoso e influyente Dr. Dre, quien de inmediato lo contactó y lo contrató para que firmara en su sello Aftermath. Su primer álbum para dicho sello fue un éxito rotundo, hablamos claro de The Slim Shady LP (Aftermath, 1999), mismo que lo catapultó a la cima de la popularidad de una manera pocas veces vista. Si hay algo que Eminem ha demostrado es no ser el clásico músico de un disco y mucho menos de un solo éxito, eso quedó demostrado cuando lanzó su segundo álbum The Marshal Mathers LP (Aftermath, 2000), un disco que al mismo tiempo causó furor y resquemor, sensación y escándalo. Gracias a ese trabajo, sus fanáticos suman una legión tan numerosa como la de sus detractores. Las letras de las composiciones que conformaban la obra fueron acusadas de racistas, homofóbicas, violentas, frívolas, irresponsables, misóginas y toda clase de epítetos que no hicieron más que darle una mayor popularidad. The Marshall Mathers LP es de hecho más divertido y más siniestro que The Slim Shady LP. Sus letras son más complejas y elaboradas, con una narrativa más detallada, y por ende, más escalofriante, es también un trabajo se convirtió en una parte fundamental que precedió a The Eminem Show (Aftermath, 2002), otro disco que completa una trilogía biográfica de un hombre con tres personalidades distintas (o al menos de tres visiones distintas). Para cuando lanzó Recovery (Aftermath, 2010), ya había aprendido de un par de tropiezos como lo fueron Encore (Aftermath, 2004) o Relapse (Aftermath, 2009), y supo cómo re-direccionarse en una mejor oferta que mezclaba el pop-rock y el R&B, con tendencias más melódicas, más comerciales sin que dejase de ser rap ni sacrificar su ingenio característico, gracias a una producción muy cuidada y una adecuada elección de artistas invitados, con una temática de tendencias un tanto más emocionales sin caer en cursilerías o azotes existenciales. Es finalmente que después de trece años que Marshall regresa por última vez (o al menos eso dice) al lugar donde empezó todo, re-abre su obituario, llama a su octavo álbum de estudio The Marshal Mathers LP2 (Aftermath, 2013). A simple vista es una continuación escueta, aunque su verdadero encanto se ubica en el planteamiento de su temática: la reivindicación moral. Desde el tema de apertura, ‘Bad Guy’, inmediatamente se hacen las referencias a su elepé del 2000 pues narra lo que pasó con Matthew, el hermano del desequilibrado Stan. Hace una extensión sonora con un skit de ‘Criminal’ (‘Parking Lot’) para darle paso a la vertiginosa ‘Rhyme & Reason’ donde nos relata una porción de su relación kafkiana y negativa con su ausente padre. ‘So Much Better’ hace una (trillada y machista) metáfora entre el peso del suceso en la industria del rap con una figura femenina y como sobrevive/lidia frente esto en el rockero ‘Survival’. Luego se contrasta con la melodía minimalista de ‘Legacy’ que explora su infancia y su enconó, al poco tiempo se revela en contra del personaje que fue durante la década pasada, sarcásticamente dice en ‘Asshole’: “Im Going Back to what got me here”, mientras que la entusiasta ‘Berzker’ es una alusión (o mejor dicho homenaje rap-rock) a los Beastie Boys y a la vieja escuela. El provocativo y políticamente incorrecto ‘Rap God’ hace revancha a las censuras que sufrió por sus burlas sobre los disparos en Columbine o las provocaciones de homofobia, asimismo nos recuerda un poco a Kanye West con su petulante ‘Iam God’, aunque con una mejor y superior exposición de técnica. Está de nuevo el psicópata de ‘Kill You’ en ‘Brainless’, aunque se muestra más humano cuando examina sus relaciones amorosas pasadas en ‘Stronger Than I Was’ y continua mostrando ese lado en ‘The Monster’. ‘So Far’ es el momento más divertido donde nos habla sobre la interacción con los fans. Lo que sigue es lo que muchos esperaban: Eminem Meets Kendrick Lammar. ‘Love Game’ ubica el escenario donde Em se podría medir con su competencia más grande que es Lammar, muchos imaginaron una carnicería donde cada uno se despedazara por la supremacía, el veterano contra el Golden boy de Compton. Sin embargo nada de eso pasa, ambos de hecho es un tema pegajoso que re-utiliza la figura promiscua del interminable ciclo del rap game pero hasta allí. Para cerrar el disco se encuentran ‘Headlights’ y ‘Evil Twin’, en la primera hay una disculpa hacia Debbie Mathers y en la segunda cierra el ciclo de la imagen negativa que promovió al inicio de su carrera. Estamos frente a un disco que no produce los efectos esperados. Que esto no se mal entienda, Eminem a sus cuarenta y un años de edad sigue siendo todo un gimnasta verbal, ofrece candencias nuevas, sabe plasmar sus pensamientos de manera envidiable pero su musicalidad deja mucho que desear (salvo por algunos temas), pues si bien durante sus primeros capítulos logró empatar lo mejor del pop con lo mejor del hip-hop, aquí nada de eso sucede ni siquiera con el aporte de personas que están en in como Rihanna, Nate Russ de fun. o Kendrick Lammar. Cede a las presiones del pop convencional aunque sin el alcance de Recovery. Son gratas todas las referencias al primer MMLP (tanto en menciones como en samples) y que las aborde con más seriedad, abra nuevas historias, satisfaga ángulos artísticos, pero no logra crear un concepto concreto o un sonido especial, lo que nos dice que este álbum es para dos tipos de público (que bien pueden ser una combinación de ambos): los estudiosos del rap y para los que netamente quieren fan service del más hermético, y sólo bajo ese pretexto lo recomendaría.

octubre 19, 2013

Deltron 3030 
Event 2 

Cuando Dan The Automator Nakamura se hizo notorio por la producción del primer trabajo como solista de Kool Keith, Dr. Octagonecolgyst (Bulk Records, 1996) no sólo obtuvo un reconocimiento a pesar de sus bajas ventas, sino que re-plantearía la inventiva musical del rap que posteriormente reforzaría con múltiples producciones que no necesariamente estaban involucrados con el ambiente hip-hopero.

En el 2000, junto a Del The Funkyhomosapien y Kid Koala, dio vida a Deltron 3030, un álbum concepto que narra las aventuras de un mítico héroe llamado Deltron Zero en el año 3030; una ópera futurista que construye un vehículo entre la ciencia ficción y la música, entre la imaginativa de los cómics hasta literatura distópica, asimismo es una visión catastrófica del abuso del poder hegemónico de las corporaciones, la epifanía de lo que el mundo se podría convertir. Han pasado ya trece años desde que Del The Funkyhomosapien y Kid Koala guiados por Dan The Automator dieron vida a Deltron 3030.

El tiempo ha sido más que suficiente para que este trío buscara llegar a un nuevo nivel artístico, pero anidado a las raíces de su primer opus. En su segundo plato, Event II (Bulk Records, 2013), se establece la siguiente premisa: “En un sistema aislado, la entropía tiende a incrementarse con el paso del tiempo”. Este es el dominante causado por el crecimiento no sustentable de la civilización moderna. Sin mucho preámbulo, el escucha está en un espacio de desastres sociales durante el año 3040; la corrupción bancaria colapsa la economía, desordenes ambientales, la humanidad se hunde en la desesperación, y cuando todo parece perdido, de entre las estrellas se vislumbra la esperanza.

Event II es una clara continuación de Deltron 3030, a pesar del tiempo transcurrido desde la publicación de este y eso se ve (inclusive) desde la mismísima portada elaborada por Alex Pardee. Musicalmente, es notorio que hay una solución de continuidad. Sin embargo en lo que Deltron 3030 fueron pruebas y pequeños experimentos –incorporación de una breve instrumentación en vivo-, en Event II ya son piezas mejor estructuradas sin que en ningún momento se pierda la fidelidad del primer álbum. El disco abre con un mensaje de resistencia, en donde hace un resumen de la última década para que se proceda al acto sinfónico, en seguida vienen las observaciones al mundo contemporáneo: confrontaciones por el dinero, la planificación táctica, manipulación y apatía, pero también existen momentos humorísticos hasta la desolación y la fe todo esto es bien ambientado con vibras sinfónicas e inclusive con asomos de rock y (neo) soul.

Los dieciséis suites que lo componen congenian entre cuerdas, técnicas de scratcheos y recursos electrónicos logrando una experiencia surrealista de calidad, bien cuidada y detallada que bien valieron la pena el aplazamiento de su salida. Por otra parte, las colaboraciones de David Cross, Zack de la Rocha, The Lonley Island, Mike Patton, Amber Tamblyn, Mary Elizabeth Winsted, Emily Wells, David Chang, Joseph Gordon Levitt, Casual y -nuevamente- Damon Albarn son una figura poderosa y carismática sin que resten o quiten importancia a Del, The Automator o a Kid Koala. Si hay algo en lo que el álbum falla es la inconexa ilación de acontecimientos que no siguen un orden coherente eso incluye a los skits también. Otro problema es que la instrumentalización distrae y opaca a Del, a quien no se le nota tan en forma a la hora de construir mejores metáforas futuristas. En resumen Event II es sobre saliente (a pesar de las fallas mencionadas), se manifiesta como una obra calidoscópica que resuena y se diferencia de los estándares del rap actual que muchas veces son protagonizadas por figuras tan absurdas y ataviadas como Kanye West y similares. Una oportunidad de retomar los lexemas del hip-hop y fortalecerlos. Anticipemos que ya vivimos en una era post-apocalíptica, la distorsión y la frialdad es lo que vemos por todos lados: Medios masivos en una nebulosa de des y sub información, manipulación, tecnología moderna que cada vez se hace más obsoleta, modelos de económicos que no benefician a todos, deshonestidad política, polución.
Nunca hemos estado lejos del cataclismo y Event II nos advierte los años venideros.

septiembre 27, 2013

She & Him
Volume 3 

Se dice que en nuestra experiencia existencial, el amor actúa de manera misteriosa como uno de sus hilos componentes. Es el concepto y la emoción que muchas veces la sostienen y explican. Lo que verdaderamente puede poner en tela de juicio de manera severa la imagen que de ella tenemos y, en consecuencia, de la vida como una travesía es la irrupción de tal sentimiento. Cuando esto pasa, las calidades de experiencia dentro de él (tanto como adolescentes, jóvenes o adultos) parecen anudarse de manera tan íntima y mágica que en ocasiones puede dar la impresión de que se hubieran fundido en una sola y, finalmente, lo mismo al principio que a la postre, serán la inocencia, la candidez o la ingenuidad con las que se adentre en dicho estado, las que se impongan en la memoria de la vida. Uno de los ejemplos más cristalinos en ese sentido, dentro de la música popular contemporánea, es el dúo She & Him, formado por Zooey Deschanel y Matthew M. Ward, ambos con un amplio bagaje artístico en diversas disciplinas (cine, en el caso de ella; el género musical indie, en el de él). Para interpretar la cuestión amorosa, una vez unidos en dicho dúo, She & Him, un nombre tan sencillo como su propuesta, se decantaron por la visión de ella y, en cierto modo, por su personalidad e imagen cinematográfica: la joven candorosa, siempre sorprendida por las manifestaciones de la vida y del amor, que ella tan bien proyecta con esos grandes, redondos y hermosos ojos verdes y la mirada cándida que emiten con brillo y plenitud. Mientras que él, un tipo sensible, seguramente captó todo eso y se ha consagrado a musicalizar de la manera más condensada posible las letras que Zooey (ella) escribe. El músico, poseedor de un gran palmarés, pliega su ego ante el reto de tal postura estética. El resultado es tan fascinante como la mirada de ella y tan fino, como un bisturí, en la orquestación de Matthew (él). Ese es el elemento secreto que vincula a todas sus canciones hasta la fecha (en tres álbumes seriados) o tal vez sería mejor decir que una misma y profunda perplejidad parece haber impulsado a este dúo para escribir y musicalizar. Lo que parece unirlos (a intérpretes y discos por igual) es aquella cuestión acerca de cómo puede ser que esa situación, que la mayor parte de los seres humanos asocia a una intensidad que colma por completo el anhelo de felicidad que los atraviesa (con el amor), resulte al mismo tiempo la experiencia que más hondamente puede hacer sufrir, la que puede originar la más profunda pena, la que en ocasiones causa abatimiento y una tristeza sin consuelo. El sabor dulce y retro de los temas de She & Him, el que da forma explícita a la ambivalencia de tal sentimiento (a tal punto que incluso está presente en las piezas que versionan), plantea tal situación y la expone, por supuesto, con la solvencia y agudeza que caracterizan hasta el momento a la autora de las letras: en un rock pop sesentero que nos recuerda a Phil Spector. Adentrarse en los recovecos de lo amoroso (desde la perspectiva de la ilusión romántica, hasta llegar a la duda, el resentimiento o el desamor) con la música que ellos interpretan, es una forma de proyectar lo inteligible sobre ese acontecer humano. Es aplicarse a una descripción casi fenomenológica de las reflexiones y los pensamientos sobre el enamoramiento, en una lectura musical comparada con las ideas filosóficas respectivas entre Leibnitz y Voltaire. Pop de buena manufactura, composiciones sencillas sin complicación alguna, con una pizca de inteligencia muy poco frecuente en dicho ámbito. De ahí que deban aplaudirse con entusiasmo y con toda la sorpresa que la ingenuidad (o el engaño sobre ella) le permitan a cada quien, los cantos que este dúo graba, para hacernos regodear en esa experiencia de madura candidez.