septiembre 18, 2013

Main Source
Breaking Atoms

Al haberse cumplido ya 31 años de vida de este disco, primero y último con su alineación original, Breaking Atoms, de Main Source, confirma lo que no cualquiera puede lograr: la preservación estructural y molecular a través del tiempo no sólo logrando un clásico sino un estupendo álbum. Su principal reconocimiento es la primera aparición registrada de Nas, sin embargo es un plato fundamental por su construcción durante las circunstancias transitorias que estaban ocurriendo en el hip-hop de los noventa, un cambio no sólo estético sino por el nuevo nivel estilístico que alcanzó. Es por ello que se le debe dar una apreciación estricta y cabal que no se base en un simple cameo para tener un mejor entendimiento musical.

Por designios de la vida y por la época, tuve el privilegio de escuchar este álbum en formato cassette sin datos en la etiqueta, desconociendo totalmente a los intérpretes. Lo adquirí tenía once primaveras y cuando lo escuché la primera vez supe que tenía un lenguaje propio, que estaba dotado de una característica propia. Transcurrió un año después para saber que lo que había escuchado era Breakin Atoms, un elepé lanzado bajo el irreconocible sello de Wild Pitch durante 1991 y que se vio eclipsado por el People’s Instintive Travels and The Paths of Rhythm de A Tribe Called Quest.

Main Source era trío conformado por dos deejays: Sir Scratch y K-Kut y un rapero/productor: Large Professor, la alianza entre estos tres no duró mucho pero fue lo suficiente como para gestar un excelente y novedoso trabajo que trajo dinámicas e influencias aún vigentes: pulcritud en los samples, su experimentación con capas en los beats y en los scratches, rítmica sin pesadez del combo bajo/percusión, experiencia swing y sensación groovy, raps con flows bajo una voz con presencia. La colección de estos recursos da vida a una cascada de pistas que no se sienten entorpecidas a pesar de ciertos contrastes en diferentes tópicos. Desde metáforas del deporte y la delincuencia (Just A Friendly Game of Basket Ball), asuntos raciales (Watch Roger Do His Thing), burlas a la industrialización del rap (Vamos a Rapiar), intricadas declaraciones hacia el cambio (Lookin At The Front Door) hasta potentes ejercicios líricos (Large Professor, Peace is Not The Word To Play, He Got Much Soul, Live At The Barbecue) y lecciones de scratcheo (Scratch & Kut), todo converge de manera natural. El punto débil podría ser que no estamos frente un registro con un concepto que no es perceptible, al menos no temáticamente hablando pues no es que se espere una clase de química con rapeos, sino que su concepto está implícito en su sustancialidad, en el estudio de las fórmulas de separar elementos y mezclarlos con otros para crear una nueva materia, y esto, sin su debido análisis, puede pasar por desapercibido.

 Descolorida su cubierta por el polvo su musicalidad aún sigue vigente y continua estructuralmente fortalecido como desde el que día que salió, Breakin’ Atoms se vuelve una joya que no deja de asombrar por su funcionalidad atemporal, una piedra angular de varias técnicas (o materia prima) del cut/copy que conocemos hasta el día de hoy.

septiembre 14, 2013

Allen Toussaint 
The Bright Mississippi 

Aunque quizás muchas de las nuevas generaciones muestran un total desinterés por conocer las raíces de la música rock y el lugar de su génesis, Allen Toussaint, un músico emblemático de Nueva Orleans y precisamente hace un necesario tour por el delta del rio Mississippi, un lugar que ha sido fuente de leyendas mágicas, de historias extraordinarias como las novelas que narran épicas, humoristas y delirantes historias en donde Mark Twain dio vida a Huckleberry Finn, a Tom Sawyer y a Pudd’nhead Wilson, y paradójicamente ha sido sinónimo de riqueza y miseria, de señores feudales blancos y de humillados esclavos negros. Es también un rencuentro con la cuna de la música afroestadounidense, del blues como género primigenio y manantial de mucho de lo que sobrevino después. The Bright Mississippi es un disco que hace un perfecto homenaje musical a ese río y a todo lo que representa y ha representado a lo largo de más de tres siglos. Ecléctico y variado, el trabajo de Toussaint que presenta una docena de temas que tocan al jazz, al blues y a la música criolla (creole). El énfasis está dado en la sensibilidad que el lugar transmite y a la par de su muy particular manera de tratar a la música, con ese mestizaje que relaciona a lo negro (el blues) con lo blanco (el country), más ese toque francés propio de la Louisiana. Es por ello que los doce temas que recorren a este trabajo nos iluminan, nos llenan de gozo como de nostalgia, pero también nos enseñan lo que es una verdadera fusión racial traducida en notas musicales. El álbum está producido por Joe Henry, (quien ya había trabajado con Toussaint en dueto con Elvis Costello llamado The River in Reverse del 2006). En si estamos frente a una obra de sonido limpio, impecable, pero que no pierde un ápice del fuego propio de la música sureña de los Estados Unidos y conserva su alma, esa alma ardorosa, desafiante, provocativa. Para lograr un resultado tan poderoso y a la vez tan conmovedor, Toussaint supo rodearse de una pléyade de instrumentistas de gran nivel como el clarinetista Don Byron, el saxofonista Joshua Redman, el trompetista Nicholas Payton, el guitarrista Marc Ribot y el pianista Brad Mehldau, es decir, músicos de primerísimo orden y de la primerísima división del jazz actual… y qué decir del material reunido, de las melodías que dan forma al plato. Temas de Duke Ellington (“Day Dream”, “Solitude”), Django Reinhardt (“Blue Drag”), Sidney Bechet (“Egyptian Fantasy”), Jelly Roll Morton (“Winin’ Boy Blues”), Thelonius Monk (“Bright Mississippi”), Leonard Feather (“Long, Long Journey”, un blues maravilloso, la única pieza cantada del álbum) y composiciones tradicionales (“St. James Infirmary”, “Just a Closer Walk with Thee”) son parte de esta obra espléndida, en la cual el piano de Allen Toussaint brilla también por méritos propios y demuestra que a sus setenta y cinco años, el hombre sigue siendo tan buen director y arreglista como intérprete de su instrumento (lo cual queda demostrado en “Dear Old Southland” de Raymond Bloch, una especie de medley con referencias a grandes clásicas como “St. Louis Blues”, “Summertime”, entre otras). Brillante y luminoso como su propio título lo indica, The Bright Mississippi es una maravilla jazzística de primer orden que nos conecta (o debería decir re-conecta) directamente con las raíces de mucha de la música contemporánea y sobra decir que resulta altamente recomendable.

agosto 05, 2013

David Lynch
The Big Dream

La caratula del álbum sugiere que se está frente a un álbum peligroso y electrizante, pero esperar un trabajo que propine electroshocks indie rockeros sólo demuestra que no haz entendido el mensaje de transfondo de quien la música ahora parece su nuevo lenguaje creativo. Si bien recordamos Angelo Badalamenti es el músico de cabecera de David Lynch y quien ha musicalizado la mayor parte de sus películas. No obstante, siempre lo ha hecho bajo las directrices y gustos del Lynch y de sus inclinaciones por la llamada roots music, especialmente por el folk, y, sobre todo, por el blues. En el 2011, el realizador de Wild at Heart y Mulholland Drive sorprendió de alguna manera al mundo con la realización de su primer álbum como solista. Fue una sorpresa porque muchos tenían catalogado a Lynch únicamente como director cinematográfico y desconocían sus habilidades como músico. Crazy Clown Time se llamó aquel disco que hoy da paso al segundo larga duración del cineasta: The Big Dream (Sacred Bones). No estamos ante un álbum de blues en el sentido estricto. Lynch ha tomado las bases del género para filtrarlas a través de los recursos que da el estudio de grabación y transformar a sus composiciones en algo que podríamos denominar (de alguna manera) como blues futurista. Instrumentos procesados, guitarras con reverb, cajas de ritmos y otros elementos fueron empleados para crear atmósferas oscuras, pasajes inquietantes, texturas desconcertantes: algo así como el equivalente en música de los filmes del realizador a través de doce temas que conforman el disco. De igual manera, dado que resulta claro que a sus sesenta y siete años Lynch no posee una gran voz y que ésta fue trabajada en los micrófonos por medio de auto tune, vocoder, ecos, layers y otros efectos. Antecedentes de un álbum como The Big Dream sólo se encuentran en algunos álbumes de R.L. Burnside o en el tema “Pablo’s Blues” del grupo belga Gare du Nord. Esa mezcla de blues con electrónica, pero con énfasis en el género primigenio está presente todo el tiempo en temas extraordinarios como “Cold Wind Blowin’”, la homónima “The Big Dream”, el cover de “The Ballad of Hollis Brown” de Bob Dylan, “Sun Can’t Be Seen No More” y la final y espléndida “Are You Sure”. Más que una mera curiosidad, The Big Dream de David Lynch es una obra estupenda, un disco que en verdad vale la pena, una experiencia tan turbadora y escalofriante como las películas del estadounidense. Cuando Crazy Clown Time salió hace tres años, se pensó en el como una faceta pasajera pero se ha mostrado que tiene planeado continuar, e igual seguirá la persistencia de que su música sea sólo para sus entendidos, para una minoría...o al menos eso creen.
Poliça
Give You The Ghost

Entre la amplia producción discográfica del año pasado, hay pequeñas maravillas que para muchos pasaron inadvertidas, en medio del tráfago de la industria disquera internacional, sobre todo en el campo de las casas “pequeñas”. Entre esas ocultas joyas, quisiera destacar un álbum producido por un peculiar proyecto originario de Minneapolis, Minnesota, en los Estados Unidos. Poliça (pronúnciese poliza) se llame este quinteto encabezado por la cantante Channy Leanagh (quien además se hace cargo de los teclados y de manejar de manera brillante el efecto Auto-Tune), a la que acompañan dos bateristas (Ben Ivascu y Drew Christopherson), un bajista (Chris Bierdan) y el multiinstrumentista Ryan Olson, quien funge más como productor que como integrante visible del grupo. El sonido de Poliça le debe mucho al trip-hop y en ese sentido lo podemos asociar con agrupaciones como Massive Attack, Portishead, Mono y Lamb, aunque la voz de Leanagh nos puede remitir lo mismo a Beth Gibbons que a Sarah MacLachlan o incluso a Kate Bush. Con un álbum ya en su haber, el esplendido Give You the Ghost, el grupo entremezcla elementos acústicos y electrónicos en canciones de atmósferas que van del dream pop al rhythm and blues y del jazz al dub-reggae, con parajes en tonalidades menores que nos envuelven en ambientes hipnóticos de gran belleza y misterio. Once son los piezas que conforman al disco, entre las que habría que destacar a la abridora “Amongster”, la casi bailable “Dark Star”, la atrapante “Form”, la desafiante “Violent Games”, la sensual “Lay Your Cards Out”, la mística “Happy Be Fine”, la finísima “Leading to Death” y esa preciosidad que es “Wandering Star”.

julio 22, 2013

Laura Marling
Once I Was A Eagle

Discos como éste son prueba fehaciente que el espíritu de la canadiense Joni Mitchell aún puede continuar sin problema y si debía tener una sucesora en el siglo veintiuno, nadie mejor que la inglesa Laura Marling, ex integrante de la agrupación Noah and the Whale y una de las cantautoras más intensas e interesantes de la actualidad. A sus escasos veintitrés años, esta joven compositora, cantante y guitarrista no ha dejado de sorprender con cada uno de sus álbumes, de los que Once I Was an Eagle es el cuarto en línea. Intima, provocativa, intensa, sensual, la música de Marling resulta perfecta para su voz cálida e intencionada que en este álbum se ve enmarcada por una instrumentación sobria y austera, extraordinariamente fina y sutil, en la que su guitarra acústica de cuerdas metálicas brilla como un elemento extra (hay claros ecos del Jimmy Page de Led Zeppelin III y del David Gilmour de Meddle). Marling es una especie de alma vieja y sabia, lo cual se refleja en las letras de sus canciones, en las que reivindica su feminidad (que no su feminismo) de manera desafiante, sarcástica, hasta cruel (“Cuando estuvimos enamorados, [si es que lo estuvimos] / Yo era un águila / y tú eras una paloma”) y reivindicativa (“No seré una víctima del romance / No seré una víctima de las circunstancias"). Sabe ser deliciosamente despectiva cuando canta: “Al demonio todos aquellos que nunca pierden el control / y que jamás pisan afuera de la línea marcada” y filosamente filosófica cuando apunta: “Qué cruel fui contigo / Te hice cosas crueles / Qué cruel eres conmigo / Qué cruel puede ser el tiempo”. Incluso hay una divertida referencia a Bob Dylan, cuando en “Master Hunter” dice: “Si quieres una mujer que siga tu nombre / no soy yo, nene”.

Son dieciséis los temas, prácticamente hilados, que van dando forma al álbum, mientras las canciones van creciendo en su fuerza interior. Difícil privilegiar alguna de ellas. Todas son perfectas y se trenzan como un todo. Un disco para almas etéreas y espectrales...pero con un fuerte caparazón.

julio 11, 2013

MF Grimm 
The Hunt For The Gingerbread Man

Crear un álbum concepto tiende siempre a ser una apuesta que corre muchos riesgos, ya sea por la inconsistencia o por la redundancia de la temática a tratar. El disco concepto en el rap es una formula que prueba con la capacidad creativa para la coherencia de un trama, es aquí donde el rapper demuestra si puede mantener su storytelling o de plano divaga/redunda. ¿Una alegoría de la parafernalia de drogas y la vida callejera que requiere a una galleta antropomórfica para ser el protagonista principal de una historia de decadencia urbana es una idea buena para presentar? El neoyorkino MF Grimm ha tenido la característica de escribir raps oscuros y consistentes y para su tercer disco, The Hunt For The Gingerbread Man, ‎no hace ninguna excepción ni sacrificio de su estilo sombrío, narrando las aventuras de Gingy (un hustler de jengibre que requiere de cinco temas para presentarse) en el mundo de Candyland, aunque la verdadera epopeya de Gingy surge cuando asesina a The Fox (un pandillero que fue atrapado) y se escapa de la cárcel. Debido a este asesinato, Gingy se convierte un fugitivo, y entonces da paso a los soliloquios que lo acompañan en su escape ("Earth", "Fame", "See No Evil, "Gangsta Pastries") y por supuesto, en el sexo ("My House"). Como se puede observar el concepto del álbum resulta una idea bastante trillada y obvia; el avatar no representa mucho sino el filtro de como su creador proyecta sus fantasías de vivir una vida desenfrenada. La capacidad lirica de Grimm bien pudo ser aprovechada para traer un cuento de hadas gangsta al menos mejor planeado y con un mejor desarrollo, en cambio, desaprovecha su propia creatividad tirando por la borda su estatus como una leyenda subterránea del rap. Por otra parte no se puede decir que todo sea malo y todo este perdido; los beats no serán los mejores pero trabajan, también hay temas rescatables como la introspección contemplativa de "Earth" y el remix "Head In The Clouds" que cierra el disco. Lamentablemente The Hunt For The Gingerbread Man es una historia de candy raps que no pudo sustentar su conceptualismo, que se vuelve vagamente temático, los versos son ingeniosos pero repetitivos, la producción es anémica y a veces plana. Un álbum que trató de dar una visión de la realidad pero que terminó en puros clichés pueriles, de por si, inertes en el hip-hop.

julio 02, 2013


Eleanor Friedberger
Last Summer

Después de ocho discos grabados con The Fiery Furnaces, al lado de su hermano Matthew, Eleanor Friedberger sacó su primer álbum como solista con espléndidos resultados. Con "Last Summer", esta peculiar cantante y compositora ha conseguido producir una obra que guarda más diferencias que similitudes con los trabajos discográficos de The Fiery Furnaces. Nos encontramos frente a un larga duración impecable, con temas de gran pureza musical. Estilísticamente, se trata de un rock pop con reminiscencias de los años sesenta, pero que también nos hace recordar a la new wave de los setenta o hasta a los grandes discos de Fleetwood Mac ( “I Won't Fall Apart on You Tonight” es un perfecto ejemplo de ello). No hay desperdicio alguno. Todas las canciones poseen una gran calidad y en su mayor parte tienen referencias –algunas claras, otras discretas (y muy amorosas)– a la ciudad de Nueva York. Ahí están la cuasi folk “Scenes from Bensonhurt” con su melancólica tonada y la magnífica “My Mistakes” con que abre el disco. También destacan maravillas como la majestuosa “Inn of the Seven Ray”, la beatlesca “Heaven”, la funky “Roosevelt Island”, la intensa “Glitter Gold Year”, la muy tierna “One-Month Marathon”, la exultante “Owl’s Head Park” y la cálida “Early Earthquake”.Piano, bajo y percusión dominan la instrumentación del álbum, mientras que las letras poseen una gran fuerza crítica. Last Summer es intimista y a la vez luminoso. Nos hace cómplices de su autora. Su arte nos envuelve desde el primer acorde y nos lleva por parajes amables y soleados, aunque también lluviosos y tristes. Friedberger fue tan sabia que supo dar a su música un cariz pop que ayuda a aligerar la carga, sin caer jamás en lo complaciente. Este cariz está dado por su capacidad para crear melodías entrañables y ganchos musicales que se quedan en la memoria. Eleanor Friedberger ha debutado como solista con prometedora fortuna en este disco espléndido y, sobra decirlo, absolutamente recomendable.